Sumergirnos en el pasado y subir a tomar aire: un viaje a Buenos Aires

Todo viaje tiene su fin, y esta noche estoy al final de tres semanas riquísimas y emotivas en mi ciudad, Buenos Aires. Volví después de casi tres años,  el país cambió pero mi pasado sigue aquí, y casi todo lo que hice aquí tiene que ver con esa conjunción, ese diálogo, esa danza lenta entre pasado y presente.

El último texto que escribí en este blog – hace dos semanas, nunca había estado tanto tiempo en silencio bloguero – fue al comienzo de este viaje: estaba preparando una conferencia en el Centro Cultural General San Martín que llamé “Cómo contar la guerra”.

Así empecé, recordando mi pasado más doloroso. En mi viaje desde el que yo era en 1982, cuando volví de Malvinas como ex combatiente furioso y aturdido, y el camino que recorrí hasta poder contar “mi guerra” en Los viajes del Penélope. En esa conferencia hablé de los poetas de la Primera Guerra Mundial, como Wilfred Owen, de los novelistas de la Guerra Civil Española, como Ernest Hemingway, de los periodistas de Vietnam, como Michael Herr, de los que no pueden dejar la guerra atrás, como Tim O’Brian, y de los que contaron la dura posguerra de Malvinas, como Daniel Riera y Juan Ayala.   

Después compartí con 16 preciosos cómplices inteligentes y sensibles un viaje de dos sábados en la Fundación Tomás Eloy Martínez: lo llamé “Cómo contar el pasado”. Yo les conté mi búsqueda personal para contar como periodista la guerra y posguerra de Malvinas y la historia fascinante y dolorosa de la república bananera, el tema de mi último libro, y ellos me contaron sus viajes al pasado, como el periplo de las casas de Rodolfo Walsh, la épica de los teatros españoles en la provincia de Buenos Aires, la memoria de una gran bailarina de tango o la inquietante historia de un uruguayo que vive disfrazado de hombre araña.

Con ellos pensé el “periodismo del pasado”, les pregunté y me pregunté por qué y para qué contar hechos y rescatar personajes de antes. Al final, con unos vinos y antes de que me prometieran que íbamos a seguir conectados, brindamos por el futuro. Entiendo mucho más de mi trabajo y de mí mismo después de ese seminario, por el cual estoy muy agradecido mis admirados colegas Ezequiel Martínez, presidente de la Fundación, y Margarita García Robayo, su directora.

En esta última semana, mi gran amigo Cristian Alarcón me invitó a iniciar la cadena de talleres de su proyecto, la revista digital Anfibia, junto con la Universidad de San Martín. Lo llamó “Taller de obra”, y con 10 valientes de Argentina, Uruguay, Ecuador, Colombia y una maravillosa y cultísima editora argentino-venezolana nos encerramos en una galería de arte en San Telmo a hablar de crónica y a presentar, comentar y tratar de guiar y encaminar once proyectos de periodismo narrativo.

Aunque la palabra “pasado” no estaba en el llamado de ese taller, aunque no se hubieran pedido historias de guerra o de violencia o de crueldades e injusticias, el pasado doloroso estaba en casi todas las historias. En casi todas. Historias apasionantes, algunas personales, todas elegidas, investigadas o recordadas con piedad y un acusado sentido de la justicia. Como Wilfred Owen decía que debía ser la poesía. Con un antológico asado en la terraza de Anfibia terminó un taller que nunca olvidaré. ¡Quiero más madrugones así, más cruzar la ciudad a la hora de los oficinistas esperando encontrarme con historias como… mejor no empiezo a contar las historias, porque alargarían demasiado este texto y mi añoranza. Mi agradecimiento eterno a Cristian, a Sonia Budassi, a Federico Bianchini y a los talleristas.  

Entre medio, las dos instituciones me organizaron una charla pública con Cristian Alarcón en la Fundación Tomás Eloy Martínez y, en el momento culminante de sentirme “profeta en mi tierra”, 400 alumnos de periodismo de la Universidad de La Plata (el público más numeroso y atento de mi vida) se amucharon en el aula magna, algunos hasta sentados en los pasillos y el piso y de pie atrás, para escucharme hablar de Rodolfo Walsh, del Nuevo periodismo norteamericano, de los Nuevos cronistas de Indias de Latinoamérica, de Malvinas y de los trabajadores bananeros.

El pasado estuvo vivo, presente, como cuestión a debatir y ayudarnos a pensar más que como naftalina, en las 36 horas de clases y conferencias de esta visita a mi ciudad. Ahora me voy a dormir un poco. A las 5 de la mañana viene el taxi para llevarme a Ezeiza. Qué grato es poder volver así: con la frente arrugada pero no marchita.  Image

Anuncios

3 pensamientos en “Sumergirnos en el pasado y subir a tomar aire: un viaje a Buenos Aires

  1. Querido hijo:

    ¡Qué hermoso relato de tus tres semanas por aqui!

    ¡Que se repita! ¡Y que sigan los éxitos!

    Un gran abrazote. Pa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s