La lección susurrada de un gran cronista: con Sergio Ramírez en la Feria del Libro de Costa Rica

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La crónica de Sergio Ramírez se llama Abott y Costello. Es terrible, es sabia, es inolvidable. Cuenta la historia de un joven inmigrante nicaragüense, Natividad Canda, a quien dos perros rottweiler arrinconan en un taller mecánico de Costa Rica.

Canda había entrado a robar. Los perros lo atacaron a tarascones. Durante dos horas, se acercaron los dos guardias de seguridad, el dueño y siete policías, pero ninguno hizo nada por rescatarlo de sus fauces. Canda murió al llegar al hospital, por la sangre que perdió por las 197 heridas de las fauces caninas. En el juicio por su muerte, los jueces dictaminaron por mayoría que no se podía disparar a las bestias, porque se movían más rápido que las balas.

El hecho sucedió en 2005. Siete años más tarde, Sergio Ramírez estudió todos los documentos del juicio, la investigación policial y la cobertura de los medios, entrevistó a expertos en perros, en leyes y en heridas, viajó al pueblo miserable donde creció Canda con nueve hermanos, entrevistó a su madre y a su hermana. En su texto no hay opinión, no hay un solo adjetivo calificativo, no hay una sola expresión de indignación, ni una sola pregunta a la sociedad donde este hecho fue noticia de sucesos y donde nadie parece haberse enterado del veredicto.

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Sergio Ramírez, el más importante escritor de Centroamérica, había trocado en su juventud una promisoria carrera como novelista por la lucha clandestina contra la dictadura de Somoza. Fue el ministro y la voz de la cultura en el gobierno sandinista, y dignificó el cargo de vicepresidente de Nicaragua de 1984 a 1990. Al terminar su período en la revolución, escribió grandes libros como Margarita está linda la mar (Premio Alfaguara), Castigo divino, Un baile de máscaras, La fugitiva y sus memorias de la lucha, Adiós muchachos. Muchos lo consideran el mejor cuentista en lengua castellana, y vino a la Feria del Libro de Costa Rica a presentar su último libro, el luminoso Flores oscuras. Entre los cuentos de Flores oscuras se erige la crónica Abott y Costello, una flor extraña con espinas que duelen y un olor a relato clásico.

En la Feria Sergio Ramírez presentó su libro, y sus lectores costarricenses que llenaron la sala entendieron este relato, escrito por un nicaragüense, no como un ataque o un reproche a sus vecinos de Costa Rica, sino como un llamado a recordar y reflexionar juntos. La historia del crimen cometido contra Natividad Canga tiene como contexto un país, Costa Rica, donde desde hace casi un siglo vienen a trabajar cientos de miles de emigrantes de la pobreza del norte. En Centroamérica, la pequeña y humilde Costa Rica es pacífica, funciona, ofrece trabajo y posibilidades de superación. Desde hace un siglo, Nicaragua se levanta un poquito y vuelve a caer, se sume en su pozo, no ofrece futuro a muchos de sus habitantes.

Casi un cuarto de la población de Costa Rica está compuesto por los inmigrantes de Nicaragua, con y sin papales. Y hay mucha xenofobia, insultos, chistes hirientes… incluso una legión de cobardes anónimos usó las redes sociales para hacer chistes cuando salió la noticia del muchacho destrozado por los rottweiler.

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En la Feria tuve el gran honor de compartir una mesa redonda con Sergio Ramírez y el importante escritor costarricense Carlos Cortés. Hablamos de la crónica en Centroamérica, de su ilustre pasado, con los relatos de viaje de Rubén Darío y los “testimonios” de escritores de izquierda como el poeta revolucionario Roque Dalton. Hablamos de su presente y su futuro, de cómo la crónica nos puede servir para contar el camino difícil y duro de este istmo. Escribir sobre temas que duelen con prosa bella, nos instruyó el maestro.

Ramírez, con una generosidad a toda prueba, participó en dos mesas más, con jóvenes cronistas, novelistas, creadores de la región. Impactaba ver al gran escritor entrevistarlos, cuestionarlos, alentarlos y empujarlos para adelante.

Estas eran algunas de las actividades que germinaron en el marco de la Feria la eximia cronista y editora Karina Salguero generó un milagroso espacio de charlas, conferencias, seminarios y talleres. Centroamérica está despierta, y escritores de todos sus países vinieron a compartir ideas, historias y sueños.

En ese espacio, el 29 y el 30 de agosto compartí con una treintena de ávidos contadores de historias un seminario de dos días de Periodismo narrativo. Lo cerré con la lectura y discusión de Abott y Costello. Cuando terminé de leerlo (el final le hace a uno un nudo en la garganta) se hizo un silencio como el que se produce después de una gran interpretación musical.

Lo vengo leyendo y admirando desde hace años, desde antes de llegar a Centroamérica hace más de 20 años. Pero en la Feria del Libro de Costa Rica, Sergio Ramírez se me hizo más grande, más cercano, más necesario que nunca.

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