Federico Gargiulo: Un editor aventurero en el fin del mundo

Me lo tuvo que repetir. Cuando en 2008 me llamó por Skype desde Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, hasta mi casa en Barcelona, yo no terminaba de entender lo que Federico Gargiulo me quería ofrecer.

Al final todo quedó claro. Él acababa de leer mi libro, Los viajes del Penélope, que Tusquets había publicado en Buenos Aires en 2007, y quería traducirlo y publicarlo en inglés, en la pequeña ciudad patagónica, principalmente para beneficio de turistas y viajeros internacionales.

“Pero me falta el traductor”, me dijo. Así empezó nuestra aventura común y nuestra amistad.

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Federico se había especializado en libros de viajes, empezando con su propio relato de una peripecia a pie por Tierra del Fuego: Huellas de Fuego, en 2007. De hecho, Gargiulo se convirtió en editor para publicar sus propias obras y las que le gustan leer, relacionadas con el embrujo de la Patagonia, con los viajes y los aventureros. Quería compartir su pasión, mostrar a los visitantes sus descubrimientos y traer al español a autores lejanos, como el inglés Ernest Shackleton y el alemán Gunther Plüschow.

“La idea inicial era que fuese una editorial especializada en expediciones y viajes por el sur (Patagonia, Tierra del Fuego y Antártida), pero luego me di cuenta que lo que me interesaba era el tema de los viajes. Y entonces la meta es consolidar a la editorial como la más importante en Argentina dentro de lo que se refiere a literatura de viajes, un nicho que no está muy explotado en nuestro país”, me resumió Gargiulo hace poco,  cuando empecé a hacerle preguntas sobre su editorial para transformar mi admiración en estas palabras en mi blog.

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La editorial se llama Südpol, Polo Sur en alemán. Y los libros que saltan al mundo desde la capital de Tierra del Fuego son cuidados con mimo artesanal: las portadas, con fotos que invitan a soñar con aventuras, la inclusión de fotos y mapas, la edición cariñosa. Poco a poco, en su siete años de vida Südpol ha ido saliendo de su refugio sureño y se ha expandido por Argentina y Latinoamérica.

En el camino obtuvo grandes éxitos. Por ejemplo, publicó por primera vez en castellano el clásico Sur, de Shackleton, el aventurero por excelencia que fracasó en llegar al Polo Sur pero volvió para salvar a todos sus hombres. Cien años después de su gesta sigue siendo admirado por cumplir su promesa imposible y pensar en los demás antes que en sí mismo. Un aventurero cabal.

“También dimos a conocer en castellano Tierra de Tempestades, de Nick Shitpon, un escalador británico famosísimo que anduvo por la Patagonia pero que es más reconocido aún por sus expediciones al Himalaya”, me cuenta mi editor, con la misma contagiosa alegría de sus primeros días.

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Y va a más. El año pasado publicó A vela hacia el país de las Maravillas, el único libro que no estaba disponible en castellano del legendario aventurero alemán Gunther Plüschow, el primero en tomas fotos y grabar película en los lagos y montañas del sur de América en los años 20. Este libro es un orgullo extra para mí, porque la traducción es de mi tía Marion Kaufmann, traductora del alemán al castellano y viceversa, y estupenda periodista en ambos idiomas.

Y este año finalmente se hizo un hueco en los suplementos literarios y las listas de los más vendidos con la excelente crónica El mejor trabajo del mundo, de la gran viajera Carolina Reymúndez.

La intensa búsqueda de un cassette con una entrevista realizada hace casi veinte años al escritor Paul Bowles es el punto de partida para el sustancioso viaje interior de esta cronista que recorre el mundo por trabajo. De Marruecos a Lima y de Suiza a la cordillera riojana, en el libro pasan geografías, paisajes y apuntes de viaje”, dice entusiasmado Federico en su comentario al libro. Reymúndez cuenta sus viajes con deleite y reflexiona sobre el arte de viajar y sobre qué la mueve a salir una y otra vez a descubrir el mundo.

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Federico también sigue mejorando su propia prosa: de la fascinación juvenil de su primer libro pasó a Papeles de Tierra y Mar, una sucesión de exquisitas crónicas que incluyen más viajes por su isla, recorridos por la costa patagónica, experiencias en crucero a la Antártida y hasta el día en que corrió una maratón en las Malvinas.

En parte soy responsable de esa, su gran aventura en Puerto Stanley: su anfitrión fue el traductor que le propuse para The Voyages of the Penelope: el maestro malvinense John Fowler, quien vivió y sufrió la guerra entre nuestros dos países en 1982, como yo, y que  ahora es amigo de los dos. Para la época en que Federico me llamó para decirme que quería publicar mi libro en inglés pero le faltaba un traductor, me escribió John.

La casa de John había sido destruida durante la guerra por un misil británico mal calibrado. Esa noche del 12 de junio de 1982, mientras yo temía la lucha cuerpo a cuerpo con los Marines ingleses en las calles de Puerto Argentino, murieron en casa de John los únicos tres civiles malvinenses de toda la guerra.

John quería ayudar a difundir Los viajes del Penélope. Pronto llegamos a un acuerdo: él lo traduciría al inglés melodioso y preciso de los malvinenses. Ni inglés británico, ni norteamericano, ni australiano: el lenguaje que se habla en esas islas castigadas por el viento y la historia. De paso, le agregó una dimensión más al diálogo que quise emprender con el pasado, con las memorias de guerra de los dos lados y con un desencuentro trágico.

Hace unos días John me llamó para decirme que uno de los “personajes” principales de mi libro, el capitán del Penélope Finlay Ferguson, había muerto. Y que en la ceremonia religiosa, el sacerdote había leído un fragmento de mi libro, traducido por John Fowler y publicado por Federico Gargiulo en Ushuaia.

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El editor sigue trabajando con su traductor malvinense: John Fowler ya vertió al inglés dos libros más para Südpol: Vagabundeando en el Eje del Mal, de Juan Pablo Villarino, y La Patagonia Vendida, de Gonzalo Sánchez. Son visiones del mundo de adentro y de afuera desde miradas criollas, vertidas al inglés por uno de los principales escritores e intelectuales de las Malvinas y publicadas en el fin del mundo. Y todo por la ambición y el entusiasmo de un editor loco y carismático.

En estos siete años Südpol ha crecido y se ha sofisticado. Federico quiere crear una revista digital de periodismo de viajes, publicar más en castellano, encargar textos nuevos.

Ya publicó 14 títulos, pero si se cuentan los que salieron en varios idiomas, ya son 20 libros. El que quiera dar con ellos, los encontrará en su web: www.sudpol.com

Me enorgullece ser parte de este proyecto original y valiente y de que este camino me haya traído la amistad de Federico Gargiulo. De hecho, trabajo y amistad son para él, como para mí, lo mismo. Eso lo hace tan buen editor y tan buen amigo.

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