Cumplir el “sueño americano”

Esta semana murió la manifestante más longeva y persistente de la historia de los Estados Unidos. La inmigrante gallega Conchita Picciotto se había pasado más de 30 años acampando bajo la nieve, bajo la lluvia, bajo el sol abrasador, ante el rechazo y la indiferencia de los viandantes, frente a la Casa Blanca en Washington.

Concepción Picciotto

Los primeros años la movía una causa personal: su ex marido se había quedado con la custodia de su hija y no la dejaba verla. Pero poco a poco, como relata Yolanda Monge en su obituario en El País, transformó su lucha personal en una causa por la niñez en general y por la paz en el mundo. En 1981 William Thomas, un activista contra las armas nucleares, se le unió. Desde entonces su destino se unió al de su amigo, y su protesta fue contra el desastre atómico.

Cuando Thomas murió en 2009, Conchita (que en Washington se hacía llamar Connie) heredó su lucha. Su cara redonda y picada por el sol y el viento se convirtió en el rostro de la protesta pacífica contra La Bomba. Al morir, su tienda llena de leyendas pacifistas se expandió por las portadas de todos los diarios y los titulares de todos los informativos.

El pie que acompaña a esta foto termina con estas palabras: “Ha fallecido esta española con una vida alejada del sueño americano”. ¿Será cierto eso? ¿Qué es el sueño americano? Concepción Martín había llegado a Estados Unidos en 1960 dispuesta a trabajar de empleada y formar un hogar tradicional. Se casó con un italiano y entró a trabajar como recepcionista en la oficina de intereses comerciales de España. ¿Esa vida era cumplir el sueño? ¿El sueño de quién?

La imagen que sigue en la fascinante novela en fotos que nos brinda The Objective día tras día cuanta otra historia: esta vez sí nos dicen que se trata de un sueño cumplido. Otra española, Sofía Barroso, de 27 años, acaba de ser elegida como la Mejor recepcionista del mundo. La Asociación Internacional de Directivos de Hoteles premió su impecable desempeño en la recepción del Hotel Villa Magna de Madrid.

“Un recepcionista de hotel es realmente su tarjeta de presentación, lo primero que te encuentras y el último que te despide. Sus deberes abarcan el registro de entradas y salidas de los clientes, la entrega de llaves, la realización de reservas por teléfono o por correo electrónico, la preparación de recibos y el cobro de las facturas”. Así describe las habilidades de Barroso la cronista de ABC Patricia Espinosa en su panegírico de la premiada.

 

¿Este sí es el sueño americano? ¿El ocupar el lugar para el que la sociedad prepara a una mujer servicial y útil? ¿Esto hubiera soñado Conchita? Yo creo que es todo lo contrario. A mí el premio de la joven Barroso, a quien felicito, me deja frío. Hasta me da un poquito de escalofrío, lo confieso. El triunfo real, el que la llevó a ser un personaje único, fascinante y admirado, que muchos extrañarán, es el de la señora Picciotto.

 

Su lenta transformación de recepcionista en luchadora por sus derechos. Su tomar la causa de otro, de otros, y hacerla suya. Su no desfallecer, ni por el frío ni por el calor. Su mensaje, su victoria, fue entender su destino y estar ahí hasta el final. ¿De qué sueño me hablan?

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