Borrar el pasado para construir el presente

El historiador israelí Omer Bertov investigó durante años la relación entre los hechos del pasado y la memoria del presente, entre la tarea de los historiadores y las construcciones del “recuerdo oficial” de las naciones.

Era lógico que en algún momento desembocara en la rica historia de los judíos en Galitzia, el territorio que hoy queda en Ucrania Occidental. Los judíos eran un tercio de la población, en algunos pueblos más de la mitad. Entre 1941 y 1945 fueron masacrados por los nazis con la ayuda de milicianos locales.

De allí venía su familia. En uno de esos pueblos, Buchach, había crecido su madre. De ese pueblo había emigrado antes de la invasión nazi, antes de que todos los judíos, sus papeles y sus recuerdos fueran exterminados.

¿Qué queda hoy en Galitzia de la población judía? ¿Cómo se recuerda el pasado, cómo se construye la memoria?

Borrados Omer Bertov Tapa

Tras visitar uno a uno los pueblos de la región, con la ayuda de guías locales, tras registrar los monumentos, los museos, las placas, los cementerios, los edificios de sinagogas y escuelas y casas de judíos que aún quedan en pie, Bertov llegó a una dolorosa conclusión: Hoy se construye la identidad ucraniana borrando el pasado, escondiendo 500 años de su presencia y protagonismo en la cultura, la política, la economía, la vida social de Galitzia.

Una de las razones es personal: en las matanzas y persecuciones participaron los padres y abuelos de los habitantes ucranianos de hoy. Pero otra tiene que ver con la actual construcción de la identidad de Ucrania en oposición a los años de discurso soviético: esos milicianos locales que fueron los líderes de las cacerías de judíos, que hoy serían considerados nacionalistas de derecha, fueron también los que se rebelaron contra las tropas soviéticas. Son los héroes del pasado que los ucranianos de hoy quieren recordar.

Mientras, a los judíos asesinados se los vuelve a matar. No queda ni el recuerdo. Por eso el libro se llama “Borrados”.

Y “Borrados” es un libro extraño, difícil de entender a primera vista, áspero, incómodo. Se organiza como un relato de viaje pero lo que se busca es lo que no está, lo que se oculta. En cada pueblo Bertov compara los documentos sobre la rica vida de siglos de las distintas comunidades que convivieron en esa zona: ucranianos, polacos y judíos en primer lugar, y también rusos y alemanes. El siglo XX barrió con esa riqueza. Las tropas soviéticas arrasaron con los polacos y alemanes; los nazis exterminaron a los judíos con ayuda de los ucranianos; volvieron los rusos y construyeron el pasado heroico de ucranianos y rusos unidos por la revolución;  tras la caída del Muro de Berlín y ahora, con la latente guerra civil entre pro-rusos y pro-occidentantes, la historia oficial procura limpiar el pasado de todos los pueblos que convivieron, se mezclaron y luego se mataron en este ingrato suelo.

¿Qué era este edificio?, pregunta Bertov a los vecinos de una gran sinagoga a la que quitaron todos los símbolos judíos y hoy es un almacén. Nadie sabe responder. ¿Quiénes son las víctimas de la guerra?, le pregunta a las placas del museo local de otro pueblo. Los valientes ucranianos. En la mayoría de los monumentos y cementerios falta la referencia a quiénes fueron los muertos por los nazis. Los judíos, borrados de la vida, ahora son borrados de la historia.

Omer Bertov retrato

Bartov pregunta por los suyos, pero su trabajo puede servir como un preciso modelo para estudiar otros casos en los que las necesidades de construir identidad colectiva en el presente lleva a borrar pasados indeseados. En su introducción, comienza hablando de su infancia en Tel Aviv y su descubrimiento de que esas mismas calles donde estaba construido su barrio habían sido de los palestinos expulsados. Otro pasado borrado.

Como historiador, Bertov pisa en su trabajo el terreno de los periodistas, que viajan, entrevistan, buscan en el presente las huellas del pasado.

En su estilo despojado, limpio, aparentemente anti-sentimental, “Borrados” guarda entre líneas la melancolía, el dolor, la incomprensión de una historia tan oculta y tergiversada que ya casi ni quedan las huellas para poder reconstruir lo que fue y darle a los miles de muertos de esta región castigada al menos el calor del recuerdo.

El de Omer Bertov es un trabajo de amor, de justicia. Cuando el último vestigio del paso de este pueblo castigado haya sido borrado de la Ucrania occidental, tal vez este libro sea una clave para que tantas vidas, tanta cultura, tanto gozo y sufrimiento, tantas historias no se pierdan para siempre.

 

Omer Bartov: Borrados. Vestigios de la Galitzia judía en la Ucrania actual. Malpaso. 247 páginas

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