Contar las guerras latinoamericanas en Oxford

¿Cómo se cuenta el horror, la muerte, la opresión, la paz y la concordia, desde la literatura y sin faltar a la verdad? ¿Cómo se cuentan las historias verdaderas de una región tan difícil de entender y tan fácil de amar como América Latina?

Esta semana (el 13 y 14 de junio) se llevó a cabo en el Wolfson College de la Universidad de Oxford un congreso sobre “Periodismo literario y guerra en América Latina”. Un puñado de estudiosos de la literatura, el periodismo y la historia discutimos amigablemente sobre las formas en que los conflictos de ese continente convulso y fascinante fueron y son contados desde la crónica del Sur y del periodismo narrativo del Norte.

Fueron unos días intensos, de pensar en hechos terribles pero siempre desde la ilusión. En Oxford me alegró mucho encontrarme con viejos y nuevos amigos y conocer sus investigaciones e ideas sobre un tema que me duele y me fascina.

Hace casi un año, cuando el profesor John Bak, de la Universidad de Lorraine en Francia, me propuso ser el orador principal (keynote speaker) de este congreso la alegría y la responsabilidad me abrumaron a partes iguales. John  es un gran profesor y organizador de encuentros en este mundo: de él fue la idea de fundar la Asociación Internacional de Estudios de Periodismo Literario (IALJS) hace 11 años, y él fue su primer presidente.

Oxford Conference 13-14 June 16 Session

En el congreso se habló primero de escritores extranjeros en América latina: la polaca Aleksandra Wiktorowska siguió los pasos de Ryszard Kapusinski, y el irlandés Maurice Walsh los de Graham Greene por el continente. Después, los españoles Juan Antonio García y Antonio Cuartero definieron y acotaron el género de la crónica, y el portugués Manuel Coutinho marcó sus complejas relaciones con los regímenes autoritarios del continente.

Pero la mayoría presentó y analizó la obra de uno o más escritores locales: los mexicanos Vivane Mahieux la de Martín Luis Guzmán; Liliana Chávez en la de grandes cronistas del continente como Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez o Tomás Eloy Martínez; Ignacio Corona los maestros de la “narcocrónica”.

La estadounidense Rebecca O’Neil se centró en la obra de cronistas salvadoreños, de Salarrué a las poetas de la cárcel; la murciana Margarita Navarro analizó el exitoso y discutido programa de televisión del colombiano Pirry; y el brasileño Mateus Yuri Psassos habló de los viajes de sus connacionales Fernando Morais e Ignacio Brandao a Cuba.

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Yo hablé de una investigación que hasta ahora compartí en congresos y clases en Colombia, Argentina, Chile y Alemania. Lo llamé “De ¡Basta ya! a ¡Nunca más!: Cómo el periodismo narrativo latinoamericano cuenta las guerras regionales y ayuda a construir sociedades post-conflicto”.

Empecé contando que esta reflexión empezó cuando mi amiga y colega, la gran académica y profesora colombiana Maryluz Vallejo, me regaló el informe sobre el conflicto armado en su país, ¡Basta ya!, y lo comparó con el informe sobre los crímenes de la dictadura argentina, el ¡Nunca más! de 1985. Pero de ¡Basta ya! a ¡Nunca más! hay un largo trecho.

Para recorrerlo, tracé un camino de siete pasos desde el momento en que se grita, se exige, se decide terminar con la violencia hasta que la sociedad está lista para construir un futuro en el que las violaciones sistemáticas a los derechos humanos sean cosas del pasado. Y en cada paso, propuse géneros periodísticos, herramientas de periodismo narrativo, autores y obras que acompañan y apoyan ese proceso. Estoy muy satisfecho con el resultado y los debates que provocó.

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Pero lo mejor, lo más importante, vino después, con la llegada de un viejo enemigo transformado en amigo, a quien no había visto nunca.

Hace muchos años que intercambio mensajes y noticias a la distancia con Chris Pretty, un veterano inglés de la Guerra de las Malvinas. Como muchos seguidores de este blog saben, yo participé en esa guerra en 1982. Era un conscripto de la armada y mi propia experiencia está recogida en mi libro Los viajes del Penélope (Tusquets, 2007).

Pues bien, Chris vio en Facebook que yo iba a Oxford, me propuso vernos, lo invité al congreso y después de las ponencias del lunes 13, él y yo hablamos de nuestra experiencia como soldados en la misma guerra en bandos rivales. Las peores batallas fueron en los últimos días de la guerra, del 12 al 14 de junio. Los días del congreso eran exactamente 34 años después de esa fecha.

Hace 34 años pudimos habernos matado, y ahora estábamos recordando los miedos, las locuras, los dolores de la guerra. Y explicando cómo nos empezamos a enviar cartas en los ochenta, cómo compartimos recuerdos y las maneras similares y distintas de sobrevivir, superar, crecer desde una experiencia común. Los profesores y alumnos nos hicieron preguntas. John Bak grabó nuestra charla. Sentimos que estábamos dando un paso importante en el camino de la reconciliación y el entender qué nos había pasado.

Siento que fue un broche de oro de la experiencia de Oxford. Para mí también fue fundamental y muy emotivo que mi hijo José Pablo haya aceptado mi invitación a venir conmigo en ese viaje, y que estuviera con nosotros en esas sesiones y en las noches de cervezas y risas.

De vuelta en Barcelona, los recuerdos se acumulan, hay muchos a quienes quiero agradecer. A John, a Chris, a José Pablo, al grupo estupendo de participantes y amigos. Y me queda el sabor dulce de una experiencia irrepetible.

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