Bizet en la era del reality televisivo

Han pasado más de cincuenta años desde la última vez que se montó en Barcelona la ópera juvenil Los pescadores de perlas de George Bizet, el autor de Carmen. Bizet tenía 24 años cuando la compuso, y fue en 1964 cuando se vio por última vez en el Liceu, en italiano como era común en esa época, con el inolvidable Nadir de Alfredo Kraus.

Todo había cambiado en este 2019: ahora se cantó en el francés original, y la instrumentación y el orden de escenas volvió a como el joven Bizet las creó, pero lo principal fue que la rompedora puesta en escena usa la trama débil y pasada de moda de dos pescadores de perlas en Ceilán enamorados de la misma sacerdotisa para iluminar con gracia e inteligencia un fenómeno propio de nuestro tiempo.

La propuesta de la joven directora Lotte de Beer era bien osada: transformó la trillada historia de los libretistas Eugene Cormon y Michel Carré en un típico reality televisivo: “Los pescadores de perlas: ¡El desafío!” Con esta obra de Beer obtuvo en 2014 su primer gran éxito en el Theater an der Wien de Viena. En España el modelo en el que se basa su puesta es bien conocido: la cadena Telecinco la explotó hasta la saciedad, desde unas de diez ediciones de jóvenes salvajes urbanos encerrados en una casa (Gran Hermano) hasta famosos en decadencia escupidos en una playa hondureña (Supervivientes).

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El show en el que se centra esta versión tiene lugar en una exótica isla que podría ser la original Sri Lanka, con Leïla, Nadir y Zurga entre los concursantes. En el giro más gracioso y maligno del argumento, el Supremo Sacerdote Nourabad, que condena a muerte a los que osan incumplir las estrictas leyes de la tribu, se ha transformado en el vanidoso conductor del supuesto concurso de la tele. Sus iracundos monólogos frente a la cámara son para llorar de risa.

Vi el segundo elenco: Olga Kulchynska era una apasionada, atractiva Lëila, con una voz cristalina y un fino legato sopranil; Dmitry Korchak personificó un delicado y augusto Nadir, cantando con técnica depurada y vibrantes notas altas; el barítono Borja Quiza fue menos cumplidor vocalmente como Zurga, pero se reveló como excelente actor de carácter en el rol más complejo de la obra. Por su parte, Fernando Radó desató la hilaridad del público con una creíble y punzante versión del pomposo rostro televisivo, mientras su cavernoso basso profondo proyectaba todo el poder y la dignidad de un Supremo Sacerdote.

El coro funcionó mejor actoralmente que como fuerza vocal; a veces perdieron el ritmo y sonaron algo nublados, pero cada uno se adueñó de un típico personaje de universo telespectador, repitiendo hasta el hartazgo actos y gestos en un buen juego de teatro danza. La orquesta sonó potente y precisa bajo la atenta batuta del experto en ópera francesa Ives Abel.

Pero toda la sorpresa estaba puesta en la creativa escenografía y el movimiento de teatro dentro de la tele. ¿Qué pasará? ¿Cómo se iría transformando el relato de amistad, traición, fuga y muerte en un programa de telebasura?

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El escenario se dividió en tres niveles: adelante, en la playa arenosa que parece un escenario para Lost, un ejército de cámaras, técnicos y productores persiguen a los concursantes. Las arias de Zurga y de Nadir (la de este último es la famosa, delicada y misteriosa Je crois entendre encore) se presentaron en ese clásico género del reality televisivo que es el monólogo en el confesionario.

Detrás de la playa de mentiras, una pantalla iba mostrando los resultados de los votos de los televidentes.

¿Quién debe ser el nuevo líder? – “¡Zurga!”

Leïla y Nadir deben ser perdonados o ejecutados por su amor prohibido? – “¡Ejecutados!”

Y cuando el coro es llamado a comentar la acción, una cortina transparente detrás de la pantalla da paso a una colmena de pequeñas salas de departamento donde los televidentes gritan y susurran. Algunos se afanan en sus labores domésticas o sus discusiones mientras la tele los acompaña; otros están pegados a la pantalla.

Al final, todos descienden a la playa con sus smartphones como antorchas, para ejecutar ellos mismos el sacrificio final.

Una versión en inglés de la crítica de esta obra, presentada en mayo de 2019 en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, salió en el número de setiembre de la revista Opera News.

Somos reflejos de nuestras pantallas: 7 hechos relevantes de la década que se fue

La prestigiosa revista cultural EÑE de Clarín me pidió un balance de esta década. Para mí la cultura es cómo vivimos, cómo nos vemos y lo que hacemos con los otros y con nuestros recursos, además del debate que generan los productos literarios, musicales, audiovisuales, el arte en general. Me salió esta lista ecléctica, con eje en Argentina, que es el público del diario. Para discutir, compartir y disentir, espero.

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Niño mirando el móvil. Fuente: Fundación Faros Sant Joan de Deu

  1. En cultura, en política, en economía, en la sociedad y en lo más íntimo de las identidades: Internet y la primacía de las redes sociales lo cambiaron todo en esta década. Es difícil acordarse cómo era el mundo antes de Google, Facebook, Twitter, Instagram, YouTube. Las relaciones sociales y las costumbres cambiaron radicalmente. Somos reflejo de nuestras pantallas.

 

  1. Desapareció la industria de la música grabada, y esto tiene un profundo impacto en qué se escucha, qué se produce, qué y cómo se relacionan y se relacionarán las nuevas generaciones con uno de los fenómenos que constituyeron el fermento emocional de la sociedad de masas durante todo el siglo XX. La música consiste hoy en nichos autorreferenciales. Los playlist de Spotify son hoy los autorretratos más precisos de una generación para la cual la música es mucho más una búsqueda íntima que una fiesta colectiva.

 

  1. En todo Occidente, las historias que el gran público lee, mira y escucha tienen que ver con una búsqueda de la identificación, de una cierta medida de realidad, de autenticidad. La autoficción imperante y el realismo (impuesto por el mercado, no por la revolución socialista) transforman las historias más difundidas en espejos de cada lector, no en escapes a mundos imaginarios. En este terreno en América Latina el auge de la crónica y los libros de no ficción son parte de este fenómeno: la literatura de hechos reales como un “nuevo periodismo” a la sureña.

 

  1. El triunfo de las mentiras que una gran masa asustada quiere escuchar y creer. No existen las fake news, las falsas noticias: si son falsas, no son noticias. Mientras Internet permite escuchar otras voces, la mayoría se refugia en escuchar solo a los iracundos brujos de su propia tribu. Mientras se puede acceder a la profundidad, la mayoría elige la suprema superficialidad de las respuestas fáciles. Mientras se puede buscar la verdad con mucha más facilidad, los políticos como Donald Trump y Jair Bolsonaro, que triunfan desde las redes sociales,apelan a instintos primarios y bajos. Las redes sociales influyen decisivamente en las elecciones, y los magos del Big Data controlan los grandes flujos en las redes. ¿Qué sucederá en la nueva década? La política ha cambiado para siempre.

 

  1. El crecimiento desbocado de China. Por primera vez desde hace cien años Estados Unidos tiene un contendiente que lo desafía en poder económico además de militar y político. China muestra otra forma de hacer política, combinando libertad económica con autoritarismo político. China prueba que capitalismo y democracia no necesariamente van de la mano. Y su influjo en el mercado de bienes de consumo y de materias primas cambia por completo las relaciones internacionales.

 

  1. En América Latina, la década comenzó con gobiernos “bolivarianos” distributivos, y termina con un predominio de un retraimiento del gasto público y la vuelta de la ideología neoliberal en casi todo el continente. Un cambio a la vez político y cultural: la ciudadanía, mejor formada y exigente, cree más en las reglas de la democracia, la división de poderes y la alternancia, que muchos de los mismos gobernantes.

 

  1. En Argentina, mientras se acrecentaba la decadencia económica y social, el país político finalmente aprendía una civilizada alternancia sin violencia, que no es poco, y en cultural surgen nuevas voces: sobre todo, de jóvenes novelistas y cuentistas y directoras de cine y compositoras mujeres. La década de las mujeres, que en Argentina tuvo un centro mundial con el movimiento contra el femicidio y a favor del aborto legal, en el terreno de la cultura se vio reflejado con una generación de grandes creadoras.