Los viajes del Penélope

Los viajes del Penélope

El Penélope sigue navegando

¡Acaba de salir en Argentina la edición de bolsillo de mi libro Los viajes del Penélope!

En 2007, coincidiendo con los 25 años de la Guerra de las Malvinas, la editorial Tusquets inició su colección de Crónica con la edición “grande” – los típicos y elegantes libros de Tusquets, con borde negro. Tuvo muy buenas críticas y comentarios en diarios como La Nación de Buenos Aires, Uno de Mendoza, El Periódico de Catalunya de Barcelona y la edición alemana del Financial Times de Hamburgo.

Dos años más tarde, la editorial Südpol, que publica libros de exploración, viajes e historia de la Patagonia, encargó la traducción del libro al inglés a John Fowler. John hizo una estupenda traducción del libro, que se vende desde 2010 con el nombre The Voyages of the Penelope.

Ahora la colección Fábula de Tusquets publica una versión  de formato más pequeño. El subtítulo ya no hace referencia tan directa a la guerra, sino que se centra en la aventura y el relato de un viaje de descubrimiento y auto-descubrimiento: “Las tres vidas de un velero legendario, de la exploración patagónica a la Guerra de Malvinas”.

Este es el nuevo texto de la contraportada:  

En ma­yo de 1982,  el comando de la Armada en Malvinas envió al conscripto Ro­ber­to Herrs­cher, junto con seis marinos de carrera, a tomar y navegar el barco más pequeño, más viejo y menos guerrero de las islas: la go­le­ta mal­vi­nen­se Pené­lo­pe. Du­ran­te un mes, el au­tor vi­vió la gue­rra a bor­do de su «bar­qui­to», igno­ran­do que se ha­lla­ba en una na­ve his­tó­ri­ca.

Años des­pués, Herrs­cher, ya convertido en periodista y escritor, descubrió que el Penélope había sido el legendario Feuerland, un velero de madera que el explorador alemán Gunt­her Plüs­chow, hé­roe de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, ha­bía cons­trui­do en 1927 pa­ra descubrir lugares escondidos de Tierra del Fuego.

Herrs­cher viajó a Buenos Ai­res, la Patagonia, Mal­vi­nas y Ale­ma­nia, para reencontrarse con el Pe­né­lo­pe y reconstruir su fas­ci­nan­te his­to­ria, pe­ro en ese proceso tam­bién se acercó a la vi­da de los mal­vi­nen­ses y se enfrentó a los fan­tas­mas de la gue­rra y los de su pro­pia his­to­ria.

Enlaces  sobre el libro:

http://www.tusquetseditores.com/titulos/fabula-los-viajes-de-penelope

http://loslibrosrobados.blogspot.com.es/2007/10/los-viajes-del-penlope-de-roberto.html

http://www.librocity.com/9789876701068/Los+Viajes+Del+Penelope+++Las+Tres+Vidas+De+Un+Velero+Legendario/

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Ver al otro: Tommy Lapid y la anciana en la casa derrumbada

Hace años que esta historia me ronda. Es la historia de una mirada. La mirada de un extraño y apasionante político israelí que se atrevió a ver al otro – una anciana palestina – como una imagen en el espejo. A cuatro años de su muerte, quiero homenajear con este relato a Tommy Lapid, judío ateo, deslenguado, ácido y valiente, tan imperfecto como querible. Y que muchos se atrevan a mirar como él.

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Ver al otro: Tommy Lapid y la anciana en la casa derrumbada

Se llamaba Tommy Lapid. Nació en 1931 en la antigua Yugoslavia, con un nombre mucho más complicado. Eran judíos. Cuando tenía 12 años vino la Gestapo a buscar a su padre. Muchos años después, recordó el abrazo y las palabras del padre: “Tal vez nos volveremos a ver, tal vez no”. Los dos sabían que era la última vez. El padre y la mayoría de los familiares de Tommy Lapid murieron en campos de concentración.

La abuela fue a Auschwitz. Lapid la recordaba siempre buscando sus medicinas, por toda la casa.

Tommy fue rescatado del gueto de Budapest por las tropas soviéticas. Llegó a Israel a los 17 y sin salir del muelle se alistó para pelear por una tierra y un futuro para los judíos.

Fue periodista y polemista;  fue la principal voz de un Israel laico, con menos poder para los extremistas religiosos. Fundó un partido entre izquierdista y liberal. Y fue un encendido defensor del derecho a existir del Estado de Israel y de la preservación de la memoria del holocausto. Hasta su muerte fue presidente de la Autoridad para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto.

En el Kneset defendió el matrimonio laico,  el servicio militar también para los ortodoxos, limitar el dinero para organizaciones ultrarreligiosas. Y demoler las colonias en terrenos palestinos. Y la paz con los palestinos.

La política crea extrañas parejas: a comienzos de siglo, para que Ariel Sharon no tuviera que pactar con los ultraortodoxos, el partido de Tommy Lapid se alió con él. Lapid fue nombrado ministro de justicia.

Lapid era visto como una espina en el país que mezclaba nación y religión. Era un judío ateo. Pero su poder y su presencia en el Parlamento, su familia exitosa – su esposa era una importante novelista, su hijo mayor, presentador de la televisión pública – mostraban un rasgo importante de la democracia: la posibilidad de disentir y oponerse, el debate encendido pero limitado a las palabras.

En 2004 Tommy Lapid estaba viendo la televisión y le ocurrió una revelación. Vio unas imágenes de una demolición de casas de palestinos por el ejército israelí. Recuerden que en ese momento él era Ministro de Justicia.

Y Tommy vio en la televisión a una anciana palestina buscando sus medicinas entre las ruinas de su casa. Y se le vino a la mente la escena de su abuela buscando sus medicinas desesperadamente.

La abuela palestina le recordó a su abuela judía muerta en Auschwitz, le dijo Tommy Lapid a un periodista de la BBC.

Ese comentario terminó con la carrera política de Tommy Lapid. Su partido lo desautorizó. Sharon le exigió que se retractara. Lapid dijo que de ninguna manera estaba comparando la Shoah con la situación de los palestinos. Pero el daño estaba hecho. Su sacrilegio corrió como reguero de pólvora.

La política de mano dura de Israel incluía demoler las casas de familias donde tuvieran información de que un miembro se unió a Hamás o hubiera participado en un atentado. En las casas palestinas suelen vivir, hacinados, la familia extendida del ‘terrorista’ y otras familias. En el momento en que un israelí – y mucho más un dirigente, un ministro – se atreve a ver el sufrimiento de los palestinos todo el andamiaje de la autopercepción de los judíos de Israel corre el riesgo de venirse abajo. No entender, no justificar, no comparar. Ver.

Ver al otro como alguien como uno, pero del otro lado.

En 2008, cuando murió Tommy Lapid, los líderes ultraortodoxos sorprendentemente le dedicaron elogios fúnebres. Fue un contendiente formidable, leal y honesto, dijeron. Lo que te tenía que decir, te lo decía a la cara. Qué suerte que ya no esté, pero le echaremos de menos, dijeron.

Para su funeral, él mismo eligió un verso de Dylan Thomas, leído por su hijo, el periodista: No vayas gentilmente hacia la dulce noche: enfurécete, enfurécete contra la muerte de la luz.

Para mí el eje de su larga vida y su implacable inteligencia y sentido de la decencia y la justicia está en ese momento en que prendió la televisión y se atrevió a ver a la anciana palestina y pensar en su abuela muerta en el Holocausto.

Quiero ahora resaltar un detalle: Tommy Lapid vio una noticia de la televisión israelí. En la casa demolida había un camarógrafo, que se fijó en la anciana y la grabó con su cámara. Un periodista que describió la escena. En el canal había un editor, un jefe de informativos, un presentador.

¿Dónde estaba el lugar, el momento en que esa imagen se convirtió en el recuerdo de la abuela? ¿Estaba enteramente en la mente de Tommy Lapid, y explotó cuando una simple visión de una vieja revolviendo entre los escombros lo puso frente a lo que hacía tiempo venía pensando y sintiendo y no se atrevía a decir? ¿O había algo en la forma en que esa simple noticia fue grabada, estructurada, editada?

Siento que en ese momento, en que tal vez a mitad de camino entre las imágenes y sonidos del televisor y los ojos y oídos del Ministro de Justicia Tommy Lapid se produjo un descubrimiento, un recuerdo, una visión, una epifanía. Es una palabra extraña para aplicar a un ateo deslenguado como Tommy Lapid. Pero eso es lo que pasó. Una epifanía.

Su profunda humanidad y su insobornable coherencia no le dejaron otra salida: No mires al costado, Tommy. Esa vieja es como tu abuela, en el pueblo, allá en Serbia, cuando llegaban los nazis y las malditas pastillas no aparecían. Esa vieja palestina es tu abuela. Es de los tuyos, Tommy. ¿Ahora qué vas a hacer?

¿Un nuevo ‘boom’ en las letras latinoamericanas?

Desde hace muchos años, escribo críticas, comentarios y ensayos sobre libros de periodismo. Ahora lo hago principalmente en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia. Este año me pidieron reseñar dos voluminosas antologías de la vibrante ola actual de textos periodístico-literarios de América Latina y España, que sacaron Anagrama y Alfaguara. Todos fueron escritos en el siglo XXI. Tal vez muestren el camino de futuro en la prosa en castellano. Esta es una versión del ensayo que publiqué en abril en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia sobre las antologías Mejor que ficción, editada por Jorge Carrión, y Antología de crónica latinoamericana actual, editada por Darío Jaramillo Agudelo. Las antologías están esparciéndose por Hispanoamérica, y el género crece.

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  ¿Un nuevo ‘boom’ en las letras latinoamericanas?

¿Reportaje, crónica, contracrónica, artículo, nota, análisis, ensayo, relato de viajes o artículo de costumbres? Las definiciones y límites varía de país en país, de generación en generación. De ese marasmo, hace poco más de una década, y en gran parte por el influjo y la influencia de la Fundación Nuevo Periodismo creado por Gabriel García Márquez, los escritores y periodistas latinoamericanos se pusieron de acuerdo en llamar ‘crónica’ al relato de historias reales compuesto con las herramientas narrativas de la ficción.

 Los padres fundadores de este periodismo literario son, entre otros, el mismo García Márquez, los argentinos Rodolfo Walsh y Tomás Eloy Martínez, los mexicanos Carlos Monsivais y Elena Poniatowska, el nicaragüense Sergio Ramírez, el colombiano Daniel Samper Pizano, el cubano Guillermo Cabrera Infante.

 Pero las antologías que acaban de publicar Anagrama (cuyo antiguo dueño, Jorge Herralde, apostó desde el comienzo por el género) y Alfaguara (que últimamente está pisando fuerte en este terreno)  no incluyen textos de ninguno de estos viejos maestros. Mejor que ficción, editada por Jorge Carrión, y Antología de crónica latinoamericana actual, editada por Darío Jaramillo Agudelo, contienen muchas estupendas crónicas, casi todas publicadas originalmente en revistas. Sus autores tienen un promedio de 40 años, y un puñado de ellos serán los maestros de la siguiente generación.

¿De dónde surgió esta fauna? Sus tres miembros más reconocidos nos ayudan a entender la crónica como punto de encuentro: el mexicano Juan Villoro viene del mundo de la literatura y se acerca a la realidad desde el conocimiento acerado del buen escribir. Villoro encontró en la calle un mundo extraordinario, más variado y dramático que el producto de la imaginación desbocada. Tanto él como el chileno Pedro Lemebel o el colombiano Juan Gabriel Vázquez son reconocidos novelistas y ensayistas, y la no ficción es una prolongación de su afán narrativo.

Por su parte, la argentina Leila Guerriero, se formó como periodista, y se acercó a la crónica a raíz del desencanto por la forma chata, poco imaginativa con la que estaban escritas las noticias en los medios. Guerriero, como la colombiana Juanita León, el argentino-chileno Cristian Alarcón y la peruana Gabriela Wiener, hallaron nuevas maneras de contar lo que ven y viven abrevando en las descripciones de Ernest Hemingway, en los diálogos de Raymond Carver, en la diablura verbal de Julio Cortázar o el rigor de Jorge Luis Borges para hacer filosofía mientras cuenta una historia.

El argentino Martín Caparrós es un bicho raro: es todas esas cosas a la vez, y además polemista, creador de formatos de radio y televisión y personaje público formidable. Por eso, muchos lo consideran el actual ‘pope’ de la crónica latinoamericana.

En las antologías de Jaramillo y Carrión figuran estos ocho, y muchos otros. Se complementan, dialogan. La mirada de Carrión es desde adentro: viene trabajando desde hace años en periodismo narrativo y con la mayoría de sus antologados. Su introducción es excelente: informativa, polémica y muy bien escrita. Jaramillo mira el fenómeno desde afuera: en su introducción cita largamente a los cronistas y a los expertos del Nuevo Periodismo norteamericano, y transmite el entusiasmo del converso.

¿Cuál es mejor? Para mí, la de Anagrama es más coherente: son textos largos, la mayoría producto de la investigación periodística y la búsqueda de una narración literaria. Como Un año en la vida de Haití, un estupendo retrato de la agonía haitiána, de Maye Primera. La de Alfaguara, con más del doble de textos, se dispersa en muchos más géneros: junto con genuina crónica periodística, hay ensayos, entrevistas, relatos de experiencias personales y hasta se adentra en textos sacados de blogs. Entre las dos, muestran la riqueza y pujanza de una generación que tal vez logre salvar del suicidio a la prensa escrita y que con seguridad nos harán ver y entender mejor el mundo que nos rodea.

Enlaces de interés:

 http://www.alfaguara.com/es/libro/antologia-de-cronica-latinoamericana-actual/

http://www.anagrama-ed.es/titulo/CR_97